Con la descarga de estas últimas el batiburrillo de imágenes desperdigadas por todo el disco duro alcanza niveles insostenibles... incluso para mis relajados estándares. No hay más remedio que poner algo de orden, así que empiezo por organizar las de esta temporada recién finalizada.
Lo extraordinario de los viajes es que nos permiten disfrutar tres veces: preparándolos, durante el viaje en sí, y rememorándolos. Los viajes de pesca no son distintos de los demás, y aquí estoy, inmerso en esa tercera fase del disfrute.
Dilatar la pesca más allá del mero fin de semana libera de muchas urgencias, se diluye la necesidad de triunfar aquí y ahora mismo: hay días por delante y los peces van a seguir aquí. O eso... o son cosas de la edad, pero cada vez comprendo mejor el viejo adagio que establecía que la pesca es algo más que coger peces; así que siendo, como es, un placer contemplar las fotos de los peces que más satisfacciones nos dieron, observo que me detengo tanto, o más, en fotos que no hablan de capturas memorables.
Siempre me ha maravillado el fluir de los ríos. De niño me fascinaba que después de días y días sin llover todavía pudiera correr agua; hoy me sigue pareciendo extraordinario:
Magia ha de ser, también, aquello que hace que lo que fluya por ciertos cauces sea cristal líquido:
O que el fondo esté sembrado de piedras preciosas:
Magia de aguas heladas, incluso en verano, en que un velo de bruma es el encargado de señalar los atardeceres:
Atardeceres prólogo del mítico sereno, que, como todos los mitos, tiene más de fe y de símbolo que de realidad:
No me sorprende haber descubierto más cosas de un río complejo y desconocido observando el buen hacer de un guía que flagelando el agua durante horas:
Tampoco es de extrañar que las moscas que surgen a pie de rio sean siempre más interesantes que las que la mera suposición hace surgir en casa:
Que el tiempo de visita al montador local debe ser generoso para admirar la perfecta simbiosis que guarda con su río:
¡Qué fieles son los amigos que podemos encontrarnos en la ribera! ¡Y qué peces nos espantan a veces!:
Sí, como estableció el viejo adagio anglosajón, la pesca es mucho más que coger peces.
Según mi amigo Jon el tímalo no es más que un barbo con aleta adiposa; la pasión de mi amigo Zeljko por el tímalo se debe a la dificultad de cogerlo:
El único inconveniente de soltar los peces es que no hay tiempo suficiente para admirar su belleza:
Y la esperanza fluye eterna en el corazón del pescador que se acerca a un hermoso río sabiendo que la pesca es mucho más que coger peces.
Fotos Aitor Coterón y Bob Fullerton
Texto Aitor Coterón





























