miércoles 22 de junio de 2011

Recursos

Algunas de las definiciones que para esta palabra ofrece la Real Academia Española de la lengua y en las que encuentro una mayor afinidad con la pesca, son las siguientes:
  • Bienes, medios de subsistencia.
  • Conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad.
  • Medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende.

Intentaré desglosar estas definiciones para ver si entre todos conseguimos encontrar el sentido que cada una de ellas tiene dentro del ámbito de la pesca a mosca. Yo comienzo aportando el significado que tienen, desde mi perspectiva personal y actual. Conste de antemano que no pretendo establecer ninguna norma de actuación, ni mucho menos sentar cátedra sobre qué y cómo se debe utilizar cualquier componente del equipo de un pescador a mosca. Remarco que se trata únicamente de mi visión particular sobre la relación de estas definiciones con el mundo de la pesca a mosca.

Algunos echarán en falta las disciplinas principales de esta modalidad, como pueden ser el lanzado y el montaje. Pero ésto queda lejos de ser una realidad, dado que sus frutos - los lances y las moscas- están englobados en varias de las definiciones.


Bienes, medios de subsistencia

Dentro de esta definición, para mí, tienen cabida los elementos técnicos y tangibles que hacen posible la práctica de nuestra afición. Entre ellas destacaría si cabe al equipo de pesca, y dentro de éste a los siguientes elementos como imprescindibles: caña, bajo de línea y artificiales.

Debemos ser conscientes de que no todos los escenarios se pescan de la misma manera y por tanto deberemos hacerlo utilizando diferentes equipos. Así encontraremos tramos altos de ríos, con vegetación de ribera, corrientes indescifrables, piedras que rompen la superficie, ramas y peces oportunistas generalmente de tamaño contenido -salvando excepciones-, y también encontraremos tramos medios y bajos de ríos, con escasa vegetación de ribera, aguas lentas y peces selectivos de tamaño respetable -con excepciones igualmente-. Lógicamente los componentes del equipo utilizado para cada escenario, desde mi punto de vista al menos, han de ser diferentes. Casi opuestos, como la noche y el día, como el positivo y el negativo, como el agua y el aceite.

A mi juicio, para el primer escenario utilizaría cañas cortas (entre 6’ y 8’), bajos cortos y decentemente dominables (entre 4 y 5 metros) y moscas visibles (no tienen por qué ser voluminosas). Un equipo liviano que nos permitirá realizar miles de lanzados sin apenas notar cansancio, ya que la pesca en estos escenarios será al agua y requerirá de innumerables lanzamientos para prospectar todos los rincones. El segundo lo pescaría con cañas de mayor longitud (entre 8’6” y 9’), bajos largos (a partir de 6 metros) y moscas adecuadas a lo que el pez se encuentre comiendo, peces que deberemos buscar y que difícilmente pescaremos al agua. Equipos mas potentes para realizar una pesca más de rececho y acordes a la pelea que ofrece un pez entrado en kilos.


Del mismo modo, deberemos realizar una elección adecuada del señuelo a utilizar, lo que nos obligará a utilizar imitaciones tan opuestas como pueden ser un díptero en un anzuelo del número 24 o un streamer en un anzuelo del número 4.

No le doy demasiada importancia al grosor del terminal, puesto que no asocio selectividad del pez con grosor del terminal, sino que más bien relaciono tamaño del pez con grosor del terminal. Cada uno tendrá su opinión al respecto, pero yo no volveré a lanzar con un terminal de 0,12mm a un pez que pese 2 kilogramos, a pesar de que pueda llevarlo hasta la sacadera.



Conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad

La primera palabra lo dice todo: conjunto. ¿Conjunto, de qué? De todo, amigo, de todo. Conjunto de equipo, de técnicas, de tácticas, de moscas, de habilidades, de experiencia, de conocimiento.

Y es que es en conjunción como mejor aprovechamos nuestras cualidades como pescadores, ya que individualmente la mayoría resultarían insuficientes para alcanzar nuestra meta. De nada sirve una buena aproximación hasta al pez si luego no somos capaces de poner la mosca donde come. De nada sirve una buena técnica de lanzado si no somos capaces de elegir una mosca con la que poder engañar al pez al que tan bien le estamos presentando. De nada sirve la experiencia si no sabemos aplicarla a una situación concreta, de nada sirve una buena mosca si no podemos hacer que derive correctamente, de nada sirve la habilidad en un momento torpe, etc.

El pescador -en la esquina inferior izquierda- se mimetiza ante un buen pez
que deambula por la orilla.

Pero conjugando algunos de los elementos, podemos suplir otros. Podemos engañar a un pez con una mosca diferente a lo que está comiendo. Podemos evitar la excesiva aproximación con un lanzamiento mas largo. Podemos suplir un momento de torpeza puntual, con calma y serenidad.

Al igual que en una partida de cartas, nosotros tenemos que jugar con las cartas que tenemos en la mano, y no con las que están en el montón. Ganar una partida de cartas con una buena mano es relativamente fácil, lo difícil es ganar una partida de cartas con una mano mediocre, haciendo creer al resto que tenemos mejor jugada que ellos.


Medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende.

Relacionado estrechamente con el punto anterior, definiría éste como la capacidad de adaptar a una situación concreta de pesca, el conjunto de medios definidos en el otro.

Incluiría aquí todo lo que nos ha ido aportando nuestra propia experiencia y la experiencia adquirida, esta última definida como lo hace Aitor Coterón en el prólogo de su traducción del libro “Presentation” de Gary Borger, y que no es otra cosa más que la experiencia que adquirimos gracias a la experiencia que otros nos transmiten. También tiene cabida en esta definición la capacidad que debemos tener los pescadores para adecuarnos a la situación que se nos presenta, y esta adaptación puede ser tan notoria como quitar una imitación de insecto atada en un terminal fino, para atar una imitación de pez en un terminal grueso, o tan discreta como avanzar un paso para acortar la distancia que nos separa del objetivo.


En cuanto a la capacidad de adaptación, es una cuestión que debemos tener muy en cuenta. La capacidad para variar un elemento del equipo (ya sea un bajo de línea, un terminal, un artificial), un elemento de la técnica (un lance de presentación, de punta, de distancia, de ballesta) o de la táctica (aproximarse más, alejarse más, reptar, esconderse detrás de un árbol), es algo que sólo aporta la experiencia. Indudablemente esta capacidad de adaptación se consolida como uno de los medios más importantes para conseguir nuestro objetivo: capturar el pez. No estaría de más incluir en este apartado nuestro instinto, que variará según la experiencia de cada pescador, ya que es poco probable que dos pescadores diferentes tengan idéntico instinto.

Resulta sorprendente como situaciones vividas en el pasado pueden ayudarnos a resolver situaciones que se nos presentan en la actualidad. Por eso debemos interiorizar lo sucedido en cada jornada de pesca, por que nunca sabemos si lo vivido durante ellas nos puede servir en un futuro; quizás próximo o quizás lejano.

Meta conseguida.

viernes 10 de junio de 2011

Vida


"Hace años que sé lo poco y lo caduco de mi existencia. Pero a veces necesito recordar, para saber lo que soy.
Y soy una hoja seca, una hoja muerta caída del árbol…que para mi fortuna, el viento todavía mueve.
Antes o después dejará de hacerlo, y ya no seré nada… sólo es cuestión de tiempo… y lo pienso sin pena, sin angustia y con dicha… la misma que me otorga ver que, a pesar de todo, el viento aún me mueve."
Sentir, preparar mi mente, perderme en un río, volar línea y jugar con ella, sentir un escalofrío con cada tomada, devolver un pez, inmortalizar un momento, respirar, reír con mis compañeros...es mi manera de buscar el viento cada día, de tocarlo...y de dejarme llevar.

sábado 4 de junio de 2011

Jugando a la lotería

Y así es la vida por esos ríos, digamos, no habituales en nuestras salidas semanales. Ríos raros que esconden sus tesoros y ríos más agradecidos cuya visita no puede faltar nunca. Eso sí, por si acaso y como nunca se sabe, siempre hay que jugar a la lotería…


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