En mitad de la charla en esos momentos… “Tengo ganas de pescar un salmón”. Pues lo llevas jodido, contesté. Pero ese giro en la conversación no enfocaba hacia la conservación de los ríos o a la controvertida apertura salmonera en Asturias. Sino al hecho de que cada vez somos más inconformistas, queremos peces más grandes, más retos.
“Hace un par de temporadas, un día como el de hoy en el que saco varios peces cercanos al kilo me hubiera tenido toda la semana con la cabeza loca de alegría. Pero hoy no me va a pasar”. Esa frase me hizo reflexionar y en cierta manera a mí me pasa lo mismo, ya que quizás en menor medida, pero la alegría por ensalabrar una buena pieza es menor según uno se va acostumbrando a que esto sea algo cada vez más habitual. Y efectivamente, ese mismo día pude engañar un par de buenas pintonas, pero salvo la alegría del momento, posteriormente esa efervescencia decrece. Y no hace demasiado tiempo no era así…
Entiendo que es una reacción normal. Te acostumbras a ello y la importancia relativa que adquiere es inferior. Buscas más retos, afán de superación y mejora continua. Pero por otra parte me da algo de pena porque parece que ya una trucha de 25cm empieza a carecer de importancia, cosa que tampoco debería ser así. Y no digamos ya las palmeras.
Vamos por el río, vemos una ceba y no tiramos porque intuimos es una “sardina”. O no vamos a pescar a tal sitio porque no hay más que “rapalas”. De acuerdo que su pesca puede muchas veces no resultar especialmente complicada en comparación con esos otros retos. Pero al final todos vamos al río a pasarlo bien y a disfrutar. Y si no cogemos una trucha de más de 2kg no nos lo pasamos bien? Creo que no debería ser así y del mismo modo que ese truchón que come junto a unas raíces puede alegrarnos el día, también debería hacerlo una jornada en uno de esos ríos donde la mayoría de los peces no alcancen tamaños especialmente grandes, que por lo general suelen ser más prolíficos en capturas.
Pienso que hay que saber discernir entre una pesca en busca de nuevos retos y otra más normal, sabiendo disfrutar de ambas en cada momento, con sus pros y sus contras. No pretendamos pescar dos docenas de truchas en el tramo bajo de un río, ni una captura de postín en un cabecero de montaña. Cada situación debe de proporcionarnos alegrías y diversión en la medida de su objetivo. Y en mi opinión, creo que en la variedad está el gusto.
¿Qué opináis vosotros?






