Hacemos buena pareja. Nos entendemos bien, quiero decir. Tenemos tantos encuentros como divergencias a la hora de estar en el río y desde luego, aunque compartimos objetivos, tenemos una forma bastante distinta de llegar a ellos y eso, eso es edificante. ¿No?
Como tantas otras veces, tras un rato de charleta en la orilla de la tablada y, como suele ser habitual, con nula actividad, yo decido irme por ahí a mis asuntos, es decir: buscarme una postura que me atraiga, andar río buscando peces, pescarme al agua una entrada...cosas de esas. Haritz, más paciente, seguro de que está en el sitio correcto y confiado en que la suerte, si sabes dónde esperarla, acaba dándose de bruces contra ti, decide hacer garita allí.
A esto me refería: distintos pero persiguiendo lo mismo. Dos estilos, dos formas de hacer lo mismo, pero una misma escuela y una visión compartida de la pesca a mosca.
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| Momentos de garita con la nueva MAXIA |
Estoy perozoso y no bajo mucho más abajo. Ato un ninfa, de las de antes eh: cabeza dorada, cuerpo en faisán y tórax en liebre. Sin moderneces, "old style". Pongo un indicador. Un indicador, sí. Así soy yo: pesco a ninfa con indicador. Voy a hacer un club de fans en fb a los indicadores: "yo uso indicador", "I love biostrike", "Salvemos las bolitas de lana"...
Y lanzando eh, pero de verdad, lanzar lanzar, como si estuviera pescando a seca, y voy sondeando la suave corriente. No es difícil, pero tampoco fácil, es como pescar a seca. Eso puede ser un problema. Se trata de leer el agua y saber alargar la deriva el máximo posible sin que la imitación drague. Buscar la velocidad correcta, el fondo adecuado...esas cosas. Haritz es un experto en esto, pero no lo hace casi nunca...está arriba de miranda.
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| Yo, con mi estilo. |
En eso estoy cuando oigo los silvidos. "Este ya la ha liado otra vez", pienso para mi. Sinceramente, corro, pero corro del verbo correr, y en seguida llego justo para ver como Haritz me hace un gesto señalándome el agua y al momento siguiente clava duro, muy duro, y aquello apenas se mueve. Como un martillo la caña realiza varios movimientos violentos arriba y abajo que se corresponden con sendos cabezazos de la que ya se sabe clavada. Cojo la sacadera y, aprovechando la confusión de los primeros momentos, me zambullo en el agua y estoy apunto de ensalabrarla. Fallo. Bueno, o me ve.
Otra ventaja de llevar tanto tiempo haciendo esto es que ya nos compenetramos a la perfección en estas situaciones. Apenas nos hace falta hablar, con unos: "levántale la cabeza", "apriétala un poco", "gira la caña"...ya sabemos lo que va a hacer nuestro compañero. Se podría decir que hemos desarrollado una técnica muy depurada y, la verdad, me genera bastante estrés cuando no es uno de mis compañeros habituales el que tiene la sacadera, tanto que prefiero hacer lo yo por mi mismo.
El pez sigue con sus idas y venidas. ¡Cebezota castellana! Haritz pone la Maxia y el carrete a trabajar bien duro, pero no hay forma. Hoy va a ser una de esas peleas que decide el desgaste.
- "Cambia la caña Haritz, que baje para abajo".
Y el pez, aunque retorciéndose, obedece y yo, que estaba en medio, me agacho para que la linea pase por encima de la cabeza.
-"Levántala".
No hay forma. Hace un rato que los dos nos hemos dado cuenta de que nos habíamos equivocado bastante con el tamaño del pez... pero Haritz, ejerciendo presión continua consigue hacerla aflorar y yo esta vez no fallo. Los dos, a coro, soltamos un grito que deriva en risas.
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| Haritz con el suyo: 2,700kg. Saben a gloria. |
Es el primer PEZ de la temporada. Sí, con mayúsculas porque es la primera buena y además la primera que sacamos juntos en este 2013. ¡Y vaya que sí: 2´700 de belleza! Entre sonrisas mientras Haritz la recupera, voy sacándole algunas fotos. Cuando ella se va, nos abrazamos y chocamos las manos. Hacía mucho que no disfrutaba y no me llenaba tanto un pez.
Como decía, tenemos dos formas diferentes de hacer las cosas, pero nos unen los momentos compartidos a lo largo de muchos años. ¡Y vaya momentos! Porque sobre todo, siempre que comparto uno de estos peces con alguno de mis compañeros, puedo usar la primera persona del plural, porque los vivimos como si fueran nuestros, o más.
Gracias a todos los que, más o menos a menudo, compartís vuestros deseos e ilusiones, porque al fin y al cabo hablamos de eso, conmigo. Es y será siempre un placer.