La masificación de nuestros ríos es un hecho hoy en día. Cada vez es más difícil poder disfrutar de una jornada sin cruzarse con otro compañero o tan solo hacer garita en una tabla en soledad. Lejos quedan los tiempos en los que en este país había 1 millón de coches y los viajes a 200kms eran una auténtica aventura por carreteras comarcales y unas cuantas horas de viaje. Estamos en la época de la comunicación y esto no sólo atañe a internet. Hoy en día cualquiera tiene un coche en su garaje y se puede plantar en cualquier río de este país en unas pocas horas. Cada vez somos más pescadores para bien o para mal, aunque creo que de momento no hemos sacado ningún partido de ello y si muchas desgracias.

Esto no sólo afecta al ufano pescador que quiere gozar de soledad en muchos de nuestros cauces, puesto que hay muchos tramos y épocas de la temporada donde gozar de un momento de relax en el río se convierte a veces en una utopía. Sí, a veces los comienzos de temporada o pescar un archiconocido tramo pueden ser más estresantes que la mesa de la oficina, o al menos a mi compartir tramo con otros 15 pescadores me lo parece. Por eso busco con ahinco tramos poco frecuentados o modalidades que aunque menos prolíficas en capturas o más sacrificadas en cuanto a esfuerzo (no nos engañemos pero aún le cuesta a la gente andar una hora para pescar un tramo, gracias a dios), me permitan disfrutar del río y de la naturaleza con tranquilidad. Pero esto es harina de otro costal.
A lo que iba, también afecta y mucho a nuestras truchas. No sólo porque haya mas pescadores que quieran dar con sus espinas en la sarten, sino porque esta afluencia de público acaba modificando sus hábitos y costumbres y es aquí cuando topamos con el asunto que nos atañe: hasta qué punto afecta la presión de pesca a la actividad de nuestras truchas en superficie. Veamos algunos casos:
El otoño castellano:
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| Otoño leonés, antes soledad ahora multitud |
Desde hace unos años se viene permitiendo la pesca sin muerte hasta
el 15 de octubre en las aguas reguladas de Castilla y León. Muchos vimos
en esa prórroga la posibilidad de pescar en esos tramos que el resto
del año nos eran esquivos en el sorteo de cotos. Una vez que el calor
veraniego afloja y los caudales se van estabilizando, nos dejan unas
semanas teóricamente óptimas. Unido a que nuestras amigas se van
preparando para la freza y gracias a las todavía abundantes eclosiones,
el resultado solía ser una actividad muy interesante. Recuerdo aquellos primeros años donde era raro que no encontraras
algún pez comiendo en las tablas. Eran jornadas, en general, muy
divertidas y abundantes en capturas, con presencia de grandes peces con
relativa frecuencia. Mucha actividad en superficie y si una mosca seca
no triunfaba, lo hacía un tándem seca-ninfa.
Aun recuerdo un pie de foto de una conocida revista de este país que decía, cito textualmente: Otoño, soledad a raudales. Unos cuantas temporadas han pasado ya de aquella revista que aún conservo un tanto amarilleada por los años y el tiempo tampoco ha pasado en vano para nuestros ríos. Hoy pescar en septiembre y octubre cualquiera de los grandes ríos regulados de Castilla suele ser sinónimo de multitudes. Esla, Porma, Órbigo, Carrión...no se salvan de esta fiebre por aprovechar los últimos días de la temporada y claro, los elementos de la ecuación han cambiado y esas abundantes eclosiones y esos buenos caudales ya no son detonantes de buena actividad en superficie. ¿Por qué? Quizá esa afluencia de pescadores, unida a casi 6 meses de temporada a las espaldas de los tramos tengan mucho que ver. Lo que si es cierto es que no es raro pasar jornadas sin apenas ver un pez comer en superficie.
Eds:
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| Precioso ejemplar pescado a ninfa en un masificado eds de CyL |
Hasta hace no mucho tiempo los eds (escenario deportivo social) de Castilla y León eran, a efectos prácticos, como tramos libres sin muerte con unos cuantos días reservados a eventos sociales como competiciones. Esto hacía que cualquier pescador pudiera pescar el tramo cuando quisiera y propició que muchos de ellos se convirtieran en auténticas romerías. Hoy en día por suerte, los que sufrían este problema ya cuentan con la regulación de la afluencia de pescadores mediante la expedición de pases por la administración.
Aún recuerdo los tiempos en los que en el eds del Carrión podías contar más de 50 pescadores, distribuidos de a tres o a cuatro en cada tabla. La verdad es que era un tramo divertido de pescar, con truchas bastante activas en superficie aunque también selectivas con lo que se llevaban a la boca, pero el tamaño de las capturas solía ser irrisorio. Truchas pequeñas, la mayoría por debajo de la medida. Recuerdo una mañana de pesca en este tramo en la que, aparte de cruzarme con 20 pescadores, pude hacerme con dos docenas de sardinillas con una efemerita que había montado y que años despues comprobé ser casi identica a la famosa Carriona de Joaquín.
Con el cambio al pase las cosas cambiaron bastante, no actuando tanto sobre la actividad de los peces en superficie sino con la calidad de las truchas que se cogían. Ya no solo había truchillas, si no que empezaron a pescarse peces de todos los tamaños y en superficie. Es muy probable que éstos ya estuvieran allí, de hecho muchas veces en los serenos salían buenos peces, pero no daban la cara debido a la cantidad de gente que podía pisar el río en una jornada. Todos sabemos que un pez de cierto tamaño necesita algo de tranquilad para ponerse y ese no era el caso en este tramo.
Los reos astures:
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| Trucha de un frecuentado tramo bajo asturiano |
Cualquiera que haya pescado Asturias en época de reos en cualquiera de sus grandes rios, desde el Cares-Deva, Sella, Narcea, hasta el Eo sabrá cual es la definición de un tramo con sobrepesca. No comentaré cuanta gente puede juntarse en un sereno en cualquier postura, sino algo que cada vez me pasa más a menudo: entro al río y allí el único movimiento que hay es la de gente entrando y saliendo del río, un tío metido hasta el ombligo lanzando a nosequé y haciendo olas...pero de los reos ni rastro. A veces cuando hay suerte y te topas con un corrillo de peces comiendo te das cuenta de que cada vez el tamaño de los peces que comen arriba es más pequeño. Sin embargo, no es raro ver en el fondo auténticos torpedos amarrados a las piedras sin moverse, no sea que alguno me la líe pensarán. Andas río arriba para buscar un tramo y pasas por tal o cual coto, o tal o cual vedado, y descubres a veces que aunque hay los mismos peces, éstos allí se lo están pasando en grande y todos, sin discriminación de talla. Señores, creo que en Asturias tenemos un problema y es que simple y llanamente, no les dejamos ponerse. ¿Cómo se va a poner a comer un señor reo si desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche han estado metidos en su pozo una veintena de pescadores? Lo tiene que ver muy claro para ponerse arriba.
Por si esto no fuera poco, cualquiera que viva cerca de un río con apreciable presión pesquera y pueda verlo fuera de temporada, con las truchas tranquilas, sabe de lo que hablo...con peces que comen arriba incluso en condiciones o con eclosiones mucho peores que las que se dan en temporada, cuando durante ésta apenas lo hacen por la cantidad de pescadores que frecuentan el tramo.
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| La excepción: Cantabria y sus truchas, siempre cebándose. |
Está claro que nuestra presencia en el río lo altera de muchas formas que a veces no podemos ni imaginar, quizá la más evidente de todas sea el deterioro general de éstos, pero el cambio de hábitos de nuestras amigas es algo que no podemos obviar. A nadie se le escapa que para un pez, comer en superficie es probablemente el periodo en el que se encuentra más expuesto y por tanto, es un momento en el cual los peces necesitan cierta tranquilidad y calma para sentirse seguros mientras se alimentan. Cualquier presencia o elemento ajeno al medio puede hacer que esta conducta se vea alterada y si esa invasión de su intimidad es repetida y además se asocia a un peligro, como puede ser que te den un revolcón con el consecuente dolor de muelas (eso en el mejor de los casos, que contarlo ya es un logro), puede conllevar un cambio en las costumbres de nuestras amigas.
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| No se a vosotros, pero a mi esto me pone los pelos de punta. |
Al hilo de esto siempre me he preguntado la pregunta que formulo a continuación: ¿Tiene la acción pesquera del hombre a lo largo de la historia más reciente un efecto selectivo sobre la genética (entendiendo que ésta es codificadora de ciertos aspectos de la conducta) de las poblaciones trucheras? Esto mejor lo dejamos para un próximo artículo.
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