miércoles, 9 de mayo de 2012

25 jornadas en imágenes

Casi sin darnos cuenta ya llevamos 25 jornadas de pesca esta temporada 2012, puede que ya haya pasado el primer cuarto de la temporada y casi sin darnos cuenta. Como siempre son muchas las fotografías que se acumulan en nuestros discos duros y queremos compartir algunas con vosotros, pero sobre todo y con lo que me quedo, es que son más las anécdotas y experiencias que guardan detrás:

Primeras salidas al mar: frío, pero anocheceres para recordar en el roquedo.

¡Ayy! esa primera captura de la temporada... ¡qué recuerdos! 

Y la primera pelea con una buena: los primeros nervios, prisas y fallos...

Pero por fin conseguimos hacernos con una...

Las protagonistas de estos primeros días de temporada, los bétidos. Ellas mandan y  nos dan los primeros peces a seca.
Esta no pudo resistirse a una emergente de rhodani de Joaquín Herrero.

Y también acaban haciendo acto de presencia los pardones.
El desenfreno que a veces provocan es uno de mis momentos preferidos.
Las primeras crecidas nos obligan a probar aquellas imitaciones que hemos elaborado durante el invierno.
La sensación de comprobar que funcionan es algo difícil de explicar: ilusión.
Las primeras cantábras y su selectividad.
Y esa sensación tan gratificante de conseguir hacernos con un pez que nos ha puesto las cosas difíciles de verdad.

Hasta dentro de otras 25 jornadas.

Fotos: Haritz, Joaquín, Jon y autor.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Viajando al pasado

.... Así ha sido hoy, cuando he decidido acercarme a un pequeño río muy especial para mí. Aquel en el que un lejano 19 de marzo de 1999 me dio mi primera trucha a mosca. ....
 



domingo, 22 de abril de 2012

Carrera de relevos: adoctrinando a los noveles.


Como casi cada año, arranco la temporada con las vacaciones de semana santa y emprendo el viaje a la residencia de verano, aunque parezca invierno. Antes de comenzar la temporada tendré que sufrir un día que utilizaré para echar un vistazo a algunas zonas que pretendo tantear. De todas formas tengo claro que el primer día no será una jornada interesante, pues la mayoría de márgenes de los ríos estarán abarrotadas de ansiosos e impacientes pescadores que a estas alturas ya habrán olvidado las garantías mínimas de educación y comportamiento.

Localizando los peces

Quienes me acompañarán en las primeras jornadas se están iniciando en esta maravillosa disciplina que es la pesca con mosca, con alguna diferencia en la pasión que demuestran para el nuevo arte que se les viene encima. Si bien uno de ellos ya lleva desde la temporada pasada practicándola y se defiende mejor, todavía tienen un largo camino por recorrer, aunque quien sabe si no terminaran alcanzándonos... mas pronto que tarde. Así que la pesca en estas ocasiones se centra mas en atenderles, que en mi propia diversión. Vamos compartiendo los peces que localizamos y si hay mas de un pez se trata de sacar uno sin espantar el otro, aunque eso suponga tener que echar en tu turno al pez "pequeño" je je. Pero no importa por que es sumamente gratificante ver como un novel gracias a tus consejos, indicaciones y perseverancia, consigue sacar peces. !Y vaya peces! La alegría es mutua aunque lógicamente la experiencia se graba más profundamente en la memoria del novel pescador.

"Aunque eso suponga echar en tu turno al pez "pequeño"..."

Debe ser el mismo sentimiento que cualquier animal salvaje siente al ver como sus cachorros consiguen sus primeras presas por si mismos, pero también comienzo a notar esa necesidad maternal de abandonarles a su suerte y confiar en que hayan tomado buena nota y sepan valerse por si mismos. No siempre estará mamá para daros algo que llevaros a la boca.

¡Y vaya peces!
Me siento satisfecho y muy orgulloso de mis cachorros. Mas aun si cabe por el hecho de que he conseguido mentalizarles que donde mejor están los peces es en el río y que el mejor y más bonito recuerdo perdurara mas en la memoria que en el arcón ;-) ¡A ver quién no lo estaría!

Compartir es vivir, amigos.

domingo, 15 de abril de 2012

Como copos de nieve


"No son muchas las capturas, pero creo que con todas el mismo sentimiento recorre nuestro cuerpo: son perfectas, especiales y únicas. Como copos de nieve."



lunes, 9 de abril de 2012

Aventuras de pesca


Aunque en ocasiones no esté exenta de adrenalina no podemos considerar la pesca a mosca como una actividad de riesgo; no nos engañemos, la posibilidad de que uno de esos espacios televisivos de aventura le dedique un capítulo es remota. Pero, con todo, tampoco se puede negar que hay circunstancias que ponen a prueba el valor del pescador a mosca. Recuerdo la admiración que me produjo ver a mis amigos Todd y Duncan vadear "a pelo" (wet wading le dicen ellos) el imponente río Gunnison en Colorado: cruzando a la otra orilla con el agua por la cintura en una corriente de meter miedo y con una temperatura que no era fácilmente soportable ni con el vadeador puesto; vadeador y todo, yo no me atreví. Semejante soltura dejaba bien claro que para ellos se trataba de algo cotidiano. Si alguna vez se deciden a presentar la pesca a mosca en un documental de aventura sin duda contarán con Todd, Duncan y sus colegas.

Sin embargo ninguna arriesgada maniobra en río tumultuoso me ha producido tanta admiración como la demostración de arrojo con la que me topé hace no mucho tiempo: un simple mensaje en un foro de internet ¡Alguien estaba buscando compañero para una auténtica aventura de pesca: viajar a la península de Kola para recorrer a pie la tundra pescando los ríos que se toparan en el camino y llevando encima todo lo necesario para sobrevivir la totalidad del viaje!
¡Qué valor! pensé; y no porque me asaltaran visiones de hordas de fieros mosquitos, de interminables caminatas por empantanadas turberas, de la "bola" diaria en el estómago hasta localizar un lugar seco donde montar la tienda, de la extraña diplomacia a desplegar para bregar con la mafia rusa empecinada en sacar buena tajada de sus ríos y, con toda probabilidad, terriblemente suspicaz con quienes pretenden montárselo por su cuenta. ¡No! ¿Qué es eso comparado con el auténtico riesgo de su proyecto? ¿Con la circunstancia que puede dar al garete con el viaje de su vida? Es decir ¿cómo se apañará con quien se le apunte como compañero de viaje?



Según un amigo los matrimonios que duran son los que se ven poco. Un filósofo el tío.
Dicen las estadísticas que son muchas las parejas que se rompen durante esas románticas vacaciones en el Caribe; sí, aquellas que prometían idilios arrebatadores. Si una semana en una playa paradisíaca, sol espléndido, con tu chica en bikini al lado, una pulsera que te permite ponerte de mojitos hasta los imbornales sin tener que llevar la cartera encima... puede terminar en desastre ¿qué no puede hacer en las parejas (aunque solo lo sean de afición) un largo viaje, siempre azaroso, en el que los ríos pueden bajar por las campas... o secos; el remonte de salmones se adelantó... o todavía no ha llegado, y las mil y una putadas que una actividad cuyo campo de juego está sujeto a factores imprevisibles nos hace habitualmente sufrir? Pues eso. A veces envidio el golf y la garantía de sus campos sometidos a una manicura diaria que mantiene cómodamente a raya los imprevistos.

Ni siquiera conocer previamente al compañero o compañeros nos puede asegurar que la cosa marchará sin roces. ¿Ya hemos pescado juntos alguna vez? Y no me refiero a una salidita de una jornada sino a pasar al menos un par de días o tres fuera de casa. Podemos llevarnos fantásticamente charlando de pesca en la tienda habitual o en el bar y no soportarnos tras solo dos días pescando juntos.

Aquí van unas someras reflexiones sobre algunos aspectos a tener en cuenta para detectar posibles incompatibilidades antes de embarcarnos en una aventura de éstas.

Si el viaje es a un país de lengua distinta ¿sabe inglés nuestro compañero? Si el único que puede defenderse eres tú ya sabes lo que te va a tocar: traductor absolutamente para todo, con el añadido de, si se trata de un viaje de más de dos, la obligación de repetir varias veces lo mismo porque no todos están poniendo atención a lo que dice el fulano de los permisos (total ya están esos dos hablando con él, yo prefiero echar un vistazo a esas moscas de ahí que tienen buena pinta). Antes de llegar a ese trámite ya te habrás dado cuenta de que el único que estaba atento a los cambios de puerta de embarque en los transbordos de aeropuerto eras tú (¡coño! es que eres el único que se aclara).
Si hay que pasar por inmigración ya sabes lo que hay, y reza para que a nadie se le extravíe el equipaje porque ahí sí que vas a poder lucirte con tus habilidades políglotas.
El recabar información sobre las condiciones del río en la tienda de pesca ya sabes de quién es responsabilidad, amén de las reservas de hotel, del coche de alquiler...




Pero todo eso es peccata minuta comparado con la hora de las comidas. Hay una regla que se cumple de forma inexorable, ya sea el viaje de una semana o de un mes: nadie va a aprenderse ni un solo nombre de los platos que aparecen en las cartas, da lo mismo que se repitan un día sí y otro también. A la segunda semana no puedes evitar traslucir un cierto tonillo al responder que sirloin significa solomillo al tío que, precisamente, come sirloin todos los putos días, lo que, por supuesto, será tomado como un desplante por el carnívoro analfabeto funcional.




¿Es conveniente entrar al río temprano? ¿Estamos todos dispuestos al sacrificio de madrugar? Si el río se encuentra a cierta distancia de la cama y, como suele ser normal, solo se dispone de un coche, la cosa no es baladí; si alguien no está por la labor de dejar las sábanas a horas intempestivas la escalada de tensión (obsérvese el apropiado uso de una expresión del periodismo de guerra) está asegurada: si triunfa la tesis del madrugador los morros estarán en una trinchera, si gana la postura del dormilón las malas caras aparecerán en la de enfrente. No hay forma de librarse.


¿Vamos a salir del río para comer? Hay quien es más estricto con los horarios de las comidas que con los de los peces; otros entendemos que no hemos ido tan lejos en viaje gastronómico y que con cenar tras haber apurado el sereno es más que suficiente. Ojo con esto que tiene tela.


La dificultad de la pesca es otro factor clave. Hay ríos cuya exigencia técnica es baja y en los que cojo truchas hasta yo. Otros no toleran el más mínimo error y piden un nivel técnico respetable. Hay quien no se encuentra a gusto en estos últimos, y una o dos jornadas con escasos resultados van a tener devastadoras consecuencias en su humor... y por tanto en el de todo el grupo.



Y la última (no por ello menos importante) cuestión: ¿Quién de vosotros ronca? :-D



Aitor Coterón


Fotos:
Aitor Coterón
Pepe Arbildi
Javier Urgoiti

P.S. Tengo la suerte de contar con los mejores compañeros de viaje que pueda desear :-)