domingo, 12 de mayo de 2013

Back to the river

Nunca es buen momento para que a uno le diagnostiquen una hernia discal. Ni mucho menos agradable pasar prácticamente 2 meses en el dique seco bien por dolores, reposo o periodo de rehabilitación, que todavía va para largo. Si sumamos que se trata de una hernia cervical con afectación al brazo derecho, herramienta motora de un pescador a mosca, y en periodo de apertura de la veda, el panorama es cuando menos desolador.


Pero por suerte los síntomas empiezan a remitir y aunque con una dolencia de estas características siempre hay que estar alerta, tira más la afición y ya he vuelto a sentirme pescador de nuevo. De momento con calma, unas pocas horas, progresivamente, que la musculatura está afectada y no queremos recaer de nuevo.



Eso sí, la felicidad que me ha producido esa liturgia previa a la pesca… Cambiarse de ropa, ponerse el wader, calzarse las botas, enchufar la caña y comprobar la alineación de las anillas… No sé si me durará el resto de la temporada, pero ahora disfruto de cada pequeño detalle, de cada momento, del simple hecho de ir a pescar y caminar por las orillas. No importa si el tiempo está frío, si no se ceban o si me tengo que salir del río en plena actividad porque llevo ya un rato y no hay que forzar. Simplemente soy feliz con una caña en la mano.


Así ha sido este primer día de pesca para mí, especial como pocos. Y si ya encima tienes la oportunidad de estrenarte con algunas capturas, la satisfacción es plena. En otras circunstancias el día entero hubiera dado quizás para una buena pescata, pero no importó, se trataba de volver a la vida mosquera, de volver a la vida normal.


 PD: dedicado a tí, por apoyarme en estos malos momentos y acompañarme en este día.






lunes, 6 de mayo de 2013

Lo que nos une


Hacemos buena pareja. Nos entendemos bien, quiero decir. Tenemos tantos encuentros como divergencias a la hora de estar en el río y desde luego, aunque compartimos objetivos, tenemos una forma bastante distinta de llegar a ellos y eso, eso es edificante. ¿No?
Como tantas otras veces, tras un rato de charleta en la orilla de la tablada y, como suele ser habitual, con nula actividad, yo decido irme por ahí a mis asuntos, es decir: buscarme una postura que me atraiga, andar río buscando peces, pescarme al agua una entrada...cosas de esas. Haritz, más paciente, seguro de que está en el sitio correcto y confiado en que la suerte, si sabes dónde esperarla, acaba dándose de bruces contra ti, decide hacer garita allí.
A esto me refería: distintos pero persiguiendo lo mismo. Dos estilos, dos formas de hacer lo mismo, pero una misma escuela y una visión compartida de la pesca a mosca.

Momentos de garita con la nueva MAXIA
Estoy perozoso y no bajo mucho más abajo. Ato un ninfa, de las de antes eh: cabeza dorada, cuerpo en faisán y tórax en liebre. Sin moderneces, "old style". Pongo un indicador. Un indicador, sí. Así soy yo: pesco a ninfa con indicador. Voy a hacer un club de fans en fb a los indicadores: "yo uso indicador", "I love biostrike", "Salvemos las bolitas de lana"... 
Y lanzando eh, pero de verdad, lanzar lanzar, como si estuviera pescando a seca, y voy sondeando la suave corriente. No es difícil, pero tampoco fácil, es como pescar a seca. Eso puede ser un problema. Se trata de leer el agua y saber alargar la deriva el máximo posible sin que la imitación drague. Buscar la velocidad correcta, el fondo adecuado...esas cosas. Haritz es un experto en esto, pero no lo hace casi nunca...está arriba de miranda.

Yo, con mi estilo.
En eso estoy cuando oigo los silvidos. "Este ya la ha liado otra vez", pienso para mi. Sinceramente, corro, pero corro del verbo correr, y en seguida llego justo para ver como Haritz me hace un gesto señalándome el agua y al momento siguiente clava duro, muy duro, y aquello apenas se mueve. Como un martillo la caña realiza varios movimientos violentos arriba y abajo que se corresponden con sendos cabezazos de la que ya se sabe clavada. Cojo la sacadera y, aprovechando la confusión de los primeros momentos, me zambullo en el agua y estoy apunto de ensalabrarla. Fallo. Bueno, o me ve.
Otra ventaja de llevar tanto tiempo haciendo esto es que ya nos compenetramos a la perfección en estas situaciones. Apenas nos hace falta hablar, con unos: "levántale la cabeza", "apriétala un poco", "gira la caña"...ya sabemos lo que va a hacer nuestro compañero. Se podría decir que hemos desarrollado una técnica muy depurada y,  la verdad, me genera bastante estrés cuando no es uno de mis compañeros habituales el que tiene la sacadera, tanto que prefiero hacer lo yo por mi mismo.
El pez sigue con sus idas y venidas. ¡Cebezota castellana! Haritz pone la Maxia y el carrete a trabajar bien duro, pero no hay forma. Hoy va a ser una de esas peleas que decide el desgaste.
- "Cambia la caña Haritz, que baje para abajo". 
Y el pez, aunque retorciéndose, obedece y yo, que estaba en medio, me agacho para que la linea pase por encima de la cabeza.
-"Levántala". 
No hay forma. Hace un rato que los dos nos hemos dado cuenta de que nos habíamos equivocado bastante con el tamaño del pez... pero Haritz, ejerciendo presión continua consigue hacerla aflorar y yo esta vez no fallo. Los dos, a coro, soltamos un grito que deriva en risas.
Haritz con el suyo: 2,700kg. Saben a gloria.
Es el primer PEZ de la temporada. Sí, con mayúsculas porque es la primera buena y además la primera que sacamos juntos en este 2013. ¡Y vaya que sí: 2´700 de belleza! Entre sonrisas mientras Haritz la recupera, voy sacándole algunas fotos. Cuando ella se va, nos abrazamos y chocamos las manos. Hacía mucho que no disfrutaba y no me llenaba tanto un pez.
Como decía, tenemos dos formas diferentes de hacer las cosas, pero nos unen los momentos compartidos a lo largo de muchos años. ¡Y vaya momentos! Porque sobre todo, siempre que comparto uno de estos peces con alguno de mis compañeros, puedo usar la primera persona del plural, porque los vivimos como si fueran nuestros, o más. 
Gracias a todos los que, más o menos a menudo, compartís vuestros deseos e ilusiones, porque al fin y al cabo hablamos de eso, conmigo. Es y será siempre un placer.

lunes, 29 de abril de 2013

Lo que pudo ser y no fué

El río que me vio nacer
La alarma del reloj "casio" digital regalo de su comunión suena a las 18:00. Salta del manzano donde está encaramado soñando con esas cosas que sólo los niños saben. Corre hasta su bici y, como si de la mañana de Navidad se tratara y los regalos esperasen debajo del árbol, no deja de dar pedales hasta llegar a la vieja casa solariega. Como tantas tardes de sábado en verano, de esos veranos infinitos de la niñez, hoy es día de pesca.
Su chaleco, que le cuelga largo, lleno de toda clase de cachivaches, cajas, anzuelos y demás abalorios que el muchacho ha ido coleccionando; sus botas altas Gaviota del número 36 jalonadas con unas ruidosas cadenas y su caña de 1´80, le hacen parecer mas un pillo de novela clásica que un pescador. Sin embargo, esa ausencia de paradigma le otorga una soltura al moverse por la orilla que sólo puede ser atribuida a la libertad del instinto. El mismo que le hace lanzar, una y otra vez, contra el caño de "La Choricera" ese aparejo de 2 moscas acorde al tamaño de su corta vara. 
Mientras recoge, deja que las aguas alimenten su mente con sueños en los que el gran pez que vive en el fondo de la corriente toma su aparejo. El río siempre ha sido la más inspiradora de las musas. De sus musas, pero eso él aún no lo sabe. 
Esa tarde, por primera vez en su corta vida, un sueño emergió de las profundidades y le hizo tomar consciencia de lo pequeño de su estatura, de su caña, de su carrete y de su experiencia. 
Aun hoy, tantos años después, veo como si hubiera sido ayer a ese enorme reo saltando fuera del agua antes de soltarse y de llevarse con él una pizca de esa inocencia. 


Es curioso como en la vida, a veces, las personas que más nos marcan son las que perdemos. En la pesca, en ocasiones, sucede de igual forma y son los peces que no conseguimos hacer nuestros los que más dentro llevamos. Aquellos a los que tan solo nos unieron unos segundos, pueden ser muchos o apenas un suspiro. El tiempo no siempre se mide en horas, minutos y segundos. El reloj poco tiene que decir en esto. El tiempo, en estos casos, se mide por la intensidad de lo que nos hicieron sentir y el vacío que nos dejaron después, antes de desaparecer.
Quizá sólo por llenar el hueco que dejaron, quizá fruto de un sueño no realizado o quizás porque ese sueño aún perdura intacto en mi interior, son los que más poder tienen sobre mi. No os engaño si os digo que, en secreto, cada vez que paso por uno de estos sitios tan especiales para mi, aunque hayan pasado años, sigo sentándome y, con la mirada perdida, busco a aquella que robó parte de mi, ésa que se llevó un pedazo de mi ilusión, por si decidiera brindarme otra oportunidad y devolvérmela.

Con la mirada perdida
Si aquel renacuajo pudiera verse 15 años después, muy probablemente me preguntaría si alguna vez lo conseguimos. Querría saber si alguna vez logramos recuperar un sueño perdido: si ese reo nos dio otra oportunidad, si conseguimos posar junto al salmón de la Llanilla, si aquella arcoiris volvió a prenderse de nuestro streamer, si volvimos a toparnos con aquella castellana que surcaba las aguas de una profunda tabla comiendo ignitas, si volvimos a bailar con aquella señorita del Asón, si... Y no. Aún no.

miércoles, 24 de abril de 2013

Bailarinas vestidas a lunares

PLA de Joaquín Herrero con su homónima.
Creo que soy un yonki de esto, de las emociones, de la adrenalina y el pum-pum-pum en el pecho. Un adicto a las ondas concéntricas, a los tirones secos. Enganchado a las carreras, cabriolas, saltos y demás batallas. Buscador de los fuegos de artificio, de los momentos mágicos que se esconden al doblar la curva, en el siguiente pozo, la próxima rasera...interpretados con descaro por esas bailarinas vestidas a lunares. 

Estamos en abril y ya casi, como quien no quiere la cosa, ha transcurrido el primer mes de temporada. En ese patear ríos buscando nuestra tan ansiada droga expoliados por el mono sufrido en la larga veda, no lo hemos tenido nada fácil. No es cuestión de entretenernos enumerando los porqués, porque estoy seguro de que todos los hemos sufrido por igual y sabemos bien de qué hablo. Por eso, si cabe, esos momentos "mágicos" brillan hoy en mi memoria con más luz si cabe:

Pasando mucho, mucho frío.
No siento las manos. Esto es algo muy normal cuando se pesca a 4ºC y lleva lloviendo toda la mañana. Las chaquetas con sus tropecientas membranas impermeables, los gorros, buffs, guantes, forros polares, petos térmicos y demás parafernalia, hace ya un par de horas que dejaron de hacer su cometido. A decir verdad, no se ni porqué sigo aquí. Lo digo en serio eh: ¡qué coño hago aquí! Para colmo, esto está empezando a crecer y a enturbiarse. Lo que me faltaba.
-¡Haritz! Vamos para arriba a ver qué es lo que está enturbiándonos esto.
El arroyo de siempre que recoge agua de todos los campos, nos bautiza con un bonito color ladrillo, como si hubiera lamido todo el Cañón del Colorado. Sus aguas se funden con las aun relativamente cristalinas de su hermano mayor y forman un abanico de ocres que serpentea ingrávido aguas abajo hasta que lo invade todo. 
-Voy a jugar con un streamer un rato y nos vamos a tomar un café. ¿Va?
-Va, pero rápido que estoy congelado.
"Ato" el streamer, por llamarlo de alguna forma. No, no al bicho, sino a lo que hacen mis dedos con el terminal. ¿Lo habéis probado? Es una sensación que odio y que seguro que un reumatólogo no recomienda para nada, pero mis dedos hace tiempo que dejaron de ser míos. 
Decido que la zona "entre dos aguas" de la unión es un punto caliente y empiezo a intentar hacer los lances correctos. ¡Vaya! También mi brazo ya no me pertenece. Haritz, al igual que yo, ve claramente que no estoy acertando con los lances y me da un toque. Le pego un gruñido:
-Sal de debajo del árbol y lanza tú con estos brazos. No te...
-Llevo 10 minutos para encenderme el cigarro, imagínate como los tengo.
-Pues eso.
Por fin acierto en lo que los dos queríamos y logro que el spey llegue lejos y vaya a hacer la "curva caliente" justo en la divisoria. Una cola de un palmo pinta las aguas transparentes con un brochazo de ocre. Estalla todo en mil gotitas que veo caer a cámara lenta. Al estilo "phanton camera". Y un segundo después...la nada.

Disfrutando del momento.
Hace ya un buen rato que Haritz se ha ido. Llevo tantos años pescando casi siempre en compañía de algún amigo que cuando estoy solo me siento extraño. Hay veces que diría que echo de menos la soledad y sentir que no hay nada más en el mundo excepto yo y este río, pero luego añoro la compañía de alguien que comparte tu forma de entender la pesca, las risas, compartir las capturas y los momentos de "calma chicha". Supongo que a todos nos ha pasado. 
Y supongo que uno sólo se pone a pensar en estas cosas cuando la situación no acompaña. La verdad es que llevo un rato de paseo y apenas he visto nada. Ni un pez, ni una mosca, nada. Son las 15:10 y debería de verse algo, aunque sea algún tímido bétido levantando el vuelo. Miro en frente y posada en la morera, una lavandera boyera me mira como esperando que haga algo, como si yo tuviera en mi mano dar el pistoletazo y empezaran a emerger moscas de todos los sitios. Me recuerda a mi. Al fin y al cabo, estamos esperando lo mismo y peregrinamos todos los años por estas fechas a los mismos sitios, a las mismas horas, buscando lo mismo: ella comida y yo...bueno, yo ya os he dicho antes que no se qué hago aquí pasando frío.
Suena el móvil, el dichoso móvil:
-"Bla bla bla"
-"Si, si...entendido...de acuerdo". Mmmmm, ¿qué ha sido eso? ¿Una mosca? ¿Otra?
-"Bla, bla, bla"
-"Claro, el martes..." (Ojos como platos) ¡¿Una ceba?!
-"Bla, bla"
-"Si, adiós..."
Pla de Joaquin Herrero: Algo de ayuda para obrar la magia tampoco viene mal.
Salgo escopeteado por los nervios. No se si ha sido una ceba o mi imaginación, en cualquier caso en esa corriente y con el agua tan fría veo difícil que vayan a servir la mesa. Ando aguas arriba, no conozco el río, pero se exactamente lo que busco y tras un par de giros, lo encuentro. Agua tranquila, cierta profundidad con refugio en las salgueras. Aquí si. La magia no se hace esperar y pronto estoy metido de lleno en ese paraíso que solo abre unos minutos ciertos días al año. Ya no tengo frío, ya no pienso en mis problemas, ni en la lavandera que también ha encontrado su pedazo de cielo. Ahora solo lanzo, mientras en mi retina observo ese baile interpretado con descaro por esa bailarina vestida a lunares.

Esa bailarina vestida de lunares.

sábado, 30 de marzo de 2013

Velando armas

Atrás quedan ya los oscuros meses del invierno, un invierno no especialmente frío pero muy nivoso y húmedo. Nuestros ríos y acuíferos, por suerte, rebosan de agua y en consecuencia de vida.

Las reservas de agua parecen estar aseguradas para esta temporada
Una vida que despierta con la llegada de la primavera y que provoca en nosotros ese cosquilleo de la inminente apertura de la veda. Es hora de repasar nuestro equipo en busca de las últimas compras o los últimos montajes. Todo debe estar a punto para ese momento tan esperado durante los meses atrás.

Quien más quien menos además tendrá en mente cotos o tramos para los próximos meses, en los cuales ponemos toda nuestra ilusión y lo que consiguen es que la espera sea más ansiosa si cabe. Pero bueno, el momento ha llegado, ya está aquí. Algunos afortunados ya disfrutan de la sensación del discurrir de la línea por sus manos y la caña, de la deriva lenta de una imitación de rhodani y del tacto de nuestras amigas.

Otros, esperamos pacientes a que llegue nuestro momento. Está a punto de caer, pero mientras tanto seguiremos velando armas.
Las nuevas armas del equipo Líneas Vivas
Built and customized by Haritz!!